Manifiesto 8 de Marzo

Por nuestras hijas y nietas

En los manifiestos anteriores hemos centrado nuestra línea de actuación y hemos hecho una síntesis de la situación de feminización de la pobreza en el mundo y el efecto sobre las pensiones del empobrecimiento de las mujeres mayores y no mayores de los sectores desfavorecidos.

Completando los anteriores incluimos ahora un énfasis especial en hacer un llamamiento a las mujeres trabajadoras en activo, en paro, en la informalidad o en la casa para que comprendan que nuestras reivindicaciones las tienen a ellas como objetivo, pues es a ellas a quienes afectará, el éxito o el fracaso de nuestra lucha. Es obvio, pues, que el éxito irá de la mano de la unión de sus fuerzas y las nuestras.

En el mundo se agravan las crisis económicas, financiera, energéticas, políticas, catástrofes naturales, guerras, terrorismo, golpes de estado, cambio climático, enfermedades, epidemias y siempre las peores consecuencias las sufren los sectores más desprotegidos, entre ellos: niños, ancianos, discapacitados, mujeres. Las mujeres ancianas pobres y enfermas, frecuentemente discapacitadas llevan la peor parte.

Las estadísticas segregadas por sexo demuestran que la grave crisis sanitaria, que atraviesa el mundo debido a la COVID 19, afecta mayormente a las mujeres mayores, tanto en el aspecto sanitario como en el económico y el afectivo. Tras una vida de cuidados, tienen que verse o bien confinadas para proteger su salud o bien solas, sin cuidados si se contagian, o bien sin ninguna compañía cercana en los hospitales y residencias , tanto si están en planta como si están en las UCIS y lo que es peor, si están agonizando.

Los gobiernos de este mundo capitalista y globalizado se encuentran atrapados por el egoísmo de los grandes capitalistas, en la defensa del funcionamiento económico y ocultan la subordinación del cuidado

 

de la vida a los intereses del capital. La clase obrera está padeciendo, como siempre, la gravedad tanto del aspecto sanitario como del social y el económico. Las mujeres más. Las mayores más. La crisis económica afectará a las pensiones futuras e incrementará la brecha.

Por si este proceso no fuera suficientemente grave, corremos el riesgo de perder los derechos adquiridos en 300 años de lucha feminista , pues padecemos la agresión global de un exacerbado y mal llamado feminismo interseccional que diluye y uniformiza los distintos aspectos a reivindicar, dejándoles sin fuerza.

De la fusión de los aspectos de clase, sexo y raza, el siglo XXI se vió abordado por el amanecer de un discurso posmoderno neoliberal con capacidad para arrastrar a una nueva y falsa izquierda dirigida por la socialdemocracia. Esta izquierda se encuentra atrapada en ese discurso pseudocientífico, y colabora en la elaboración de leyes, como se ve en varios países, que van mucho más allá de la invisibilización, el empobrecimiento económico y la desatención sanitaria. Las consecuencias de esas leyes, si nadie las para, borrarán a las mujeres reales y las herramientas conseguidas para hacerles justicia. Entender cómo ha podido ocurrir esto pasa por entender las distintas resignificaciones que ha padecido el concepto mujer a lo largo de la historia del feminismo.

En 1967, cuando Simone de Beauvoir escribió el Segundo Sexo, con la intención de avanzar en la lucha feminista, La Segunda Guerra Mundial había mostrado la capacidad de las mujeres en todos los sectores de la economía y en la cobertura de las necesidades que la guerra acarreaba. Su vuelta al hogar desató la enfermedad sin nombre –el desasosiego de las mujeres reducidas a amas de casa consumidoras– descubierta por Betty Freedam. La reivindicación existencialista de Beauvoir se abrió paso. La categoría analítica de género no se había acuñado todavía pero el título de la obra y la frase que la resume, no se nace mujer, se llega a serlo, contienen la semilla de esa categoría que fue altamente fructífera en las décadas siguientes. El significado de la frase sería: la niña nace con el sexo femenino, pero luego la sociedad patriarcal, por el mero hecho de haber nacido con ese sexo, la adoctrinará para que se mimetice con aquellos estereotipos que ha decidido para que ejerza el rol de subalterna doméstica con funciones reproductivas y de cuidados, necesarias al sistema para mantener y renovar la fuerza de trabajo. Al conjunto de estereotipos, roles, funciones y valoraciones que transformarán a la niña en “mujer” se le llamará más tarde género. Género es pues una categoría analítica que evidencia la máscara opresora y devaluadora que el patriarcado impone a la hembra humana a causa de su sexo. El feminismo perseguirá firmemente la abolición del género.

Con la llegada del posmodernismo y la relatividad de los relatos, se resignifica la categoría género convirtiéndola en sinónimo de sexo y, en defensa de sexualidades no heteronormativas, da el paso a multitud de identidades genéricas. De trabajar firmemente por la abolición del género, categoría que explica la opresión, se pasa a la multiplicación de géneros como disfraces, a elegir géneros para determinar identidades, a la autodeterminación del género/sexo al margen de la realidad corporal comprobable, al borrado del sexo. Cualquier humano puede autodeterminarse mujer con solo desearlo/sentirlo. Con esta acrobacia lingüística dejan de tener sentido las estadísticas segregadas por sexo, las acciones políticas compensatorias, los equipos deportivos por categorías sexuales, las investigaciones médicas recién iniciadas sobre las enfermedades especificas en las mujeres, etc. Todo ello tergiversando la frase de Beauvoir porque según esta corriente se nace mujer al margen del sexo asignado, se nace con el género mujer y el sexo se asigna antes de conocer el deseo de la persona nacida, con lo que se puede asignar sexo masculino a un ser humano que cuando pueda expresar su deseo dirá que es una mujer. Esta obra teatral requiere una neolengua: cuerpo menstruante, vagina portante, útero portante, cuerpo gestante, cuerpo lactante, maternidad subrogada, trabajo sexual, consumidores de pornografía, reconocimiento de la sexualidad infantil, transicionalidad hormonal, quirúrgica, pronombre elle. ¿Qué hacer si elle asesinó a

 

elle? ¿Y las mujeres mayores no menstruantes, no gestantes, no prostituibles, no pornografiables? ¿son sólo cuerpos asexuados, estériles, inútiles y descartables? ¿sirven solo como cuidadoras? ¿dónde depositarán su experiencia de vida laboral, afectiva, sexual y social, que las dignifica?

Tras las resignificaciones que nos han llevado al peligro del borrado en las leyes, las estadísticas y el neolenguaje en pro del mercado, no podemos abandonar nuestro deber de limpiar esas resignificaciones del retorcimiento del lenguaje que, más allá de la ausencia de las contabilidades nacionales por la invisibilización de su lugar primero, en la cadena de producción, han creado el absurdo de sustituir realidades por deseos. De invisibilizarnos a borrarnos a nosotras, las mujeres, y a todas las conquistas logradas en 300 años de feminismo.

Según Silvia Federici, es importante recordar la historia de las opresiones patriarcales que tan bien ha sabido aprovechar y alimentar el sistema capitalista. Federici nos recuerda que la persecución de las brujas fue el origen de la expropiación del cuerpo, la fuerza y el saber de las mujeres en el violento proceso de la acumulación capitalista originaria. Y que, en otros momentos y en otro continente, fueron las esclavas las expropiadas para hacer posible esa acumulación, necesarias para producir en las grandes haciendas y para reproducir [email protected] para la venta en el mercado.

Para mantener en funcionamiento el primer eslabón de la cadena productiva, fue necesario reformar la institución matrimonial, donde la mujer es responsabilizada de los trabajos sexuados, de cuidados y domésticos, alienada de su cuerpo que es destinado a la reproducción de [email protected] Este trabajo queda invisivilizado en las contabilidades nacionales para borrar que es el primer eslabón de la cadena de producción, y el gran olvidado, incluso para Marx. El modelo de familia nuclear le garantiza al estado el disciplinamiento de las mujeres por el pater familias, para asegurarle al sistema su trabajo no pago. La violencia ejercida sobre ellas no procede de ninguna patología del agresor, sino de la propia estructura depredadora del sistema patriarcal y capitalista, gestionado por el estado burgués.

La explotación sexual de las mujeres prostituídas se hace necesaria a la sociedad burguesa para asegurar la pureza de la descendencia heredera y para el lucro del gran negocio de la industria del sexo que insiste en ser legalizada, empezando por imponer a la explotación sexual el falso apelativo de trabajo sexual.

Pero las mujeres viejas ya no sirven ni para la procreación ni para el burdel. Solo sirven para cuidar, no para ser cuidadas. Condenadas a la pobreza, a la soledad y al desprestigio, materializado en la imagen folklórica de las brujas que, con esta imagen de vieja horripilante, borra la verdadera historia de la violencia patriarcal-capitalista, ejercida sobre las mujeres en la acumulación originaria, por desposesión de sus cuerpos y expropiación del común. Hoy se recrudece esta devaluación en una opresión explícita que llamamos edadismo que hipersexualiza a niñas, adolescentes y mujeres jóvenes y reduce a las mujeres mayores a cuerpos asexuados descartables.

Repetimos: las violencias ejercidas sobre las mujeres no proceden de ninguna patología del victimario, sino de la propia naturaleza opresora del sistema patriarcal y la estructura depredadora del sistema capitalista, gestionado por el estado burgués

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Así pues, podríamos reescribir la famosa frase de Kate Millet del siguiente modo:

¡¡¡¡NO ES PERSONAL, ES POLÍTICO!!!!.

 

Sólo la abolición del patriarcado, funcional al capitalismo, y la derrota del capitalismo pueden liberar a las mujeres mayores de la opresión estructural específica a la que están sometidas y que produce su devaluación, desprestigio, pobreza económica, afectiva y sexual, violencia física, psicológica, simbólica y social, también invisibilización y, por último, borrado con pérdida de los débiles derechos adquiridos con duras y largas luchas. La COVID ha mostrado con toda su dureza la deplorable situación actual de las mujeres mayores en todo el mundo, dejándolas morir en absoluto abandono y desasistencia.

¡¡¡¡¡¡ABAJO EL PATRIARCADO Y EL CAPITALISMO!!!!!

¡¡¡¡LARGA Y DIGNA VIDA A LAS MUJERES MAYORES DE TODO EL PLANETA!!!!